Jugar en el trabajo
24 Abr 2018

Jugar en el trabajo

24 Abr 2018

Cuando somos niños jugamos con cualquier cosa. Nos inventamos reglas, inventamos juegos con compañeros, fantaseamos e imaginamos misterios y tesoros. Hoy en día, el infinito mundo digital nos ofrece un amplio abanico de posibilidades para jugar a cualquier hora y en cualquier lugar.

Pero algo sucede cuando nos convertimos en adultos que trabajan: cambiamos nuestras prioridades en actividades organizadas, competitivas y dirigidas a alcanzar resultados.

Si una actividad no nos enseña una habilidad, nos hace ganar dinero o fomenta nuestras relaciones sociales, no queremos perder el tiempo siendo “improductivos”.

 

Y nuestros jefes están ahí para recordárnoslo. Y también nuestra creencia de que jugar es perder el tiempo, un pecado capital en una sociedad orientada a conseguir resultados. Probablemente la mala fama del jugar en el trabajo nació en aquellas líneas de producción en la era de la industrialización. Más adelante, surgió la necesidad de aplicar la creatividad para diferenciarnos de la competencia, y se introdujeron algunos juegos para momentos puntuales. Hoy en día, no hay empresa que se considere “cool”, que no disponga de un futbolín y/o sala de juegos.

Uno de los pioneros en hablar de la investigación sobre el juego fue Stuart Brown, MD, autor de “Jugar: Como forma el cerebro” y fundador del “National Institute of Play”. Comparte sus ideas en este video de TED TV: Play Is More than Fun.


Repleto de anécdotas que demuestran los hábitos de juego de los sujetos, desde los osos polares a los CEO corporativos. Brown promueve el juego en todas las edades y lo define así:

“El juego es una actividad absorbente, aparentemente sin propósito, que proporciona placer y una suspensión de la autoconciencia y el sentido del tiempo. También es automotivante y te hace querer hacerlo de nuevo.”

Tendemos a subestimar el poder del juego

Los estudios demuestran que el juego proporciona una ventaja de supervivencia en la naturaleza. Cuando los animales jóvenes se involucran en juegos bruscos y revoltosos, están aprendiendo habilidades y reglas sociales. Aquellos que juegan más cultivan más neuronas y desarrollan una resistencia mental y física más robusta.

Los humanos, por supuesto, también se benefician del juego, pero no solo como niños y adolescentes. En los adultos mayores, aquellos que participan en la actividad más cognitiva (acertijos, leer, participar en trabajos desafiantes mentalmente) tienen un 63 por ciento menos de probabilidades de contraer la enfermedad de Alzheimer que la población general.

Los adultos que continúan explorando y aprendiendo durante toda la vida son menos propensos a la demencia y menos propensos a contraer enfermedades del corazón. Las personas que se mantienen fuertes e interesantes a medida que envejecen son las que continúan jugando y trabajando.

Cuando dejamos de jugar, dejamos de crecer y comenzamos a morir.

 

Pero, eso de jugar en el trabajo….

Trabajo y juego no son antagónicos. De hecho, el juego y el trabajo se apoyan mutuamente. Sin embargo, la mayoría de nosotros hemos aprendido a ser serios cuando se trata del trabajo.

Reprimimos nuestro impulso natural para divertirnos. Tampoco es el enemigo del trabajo; de hecho, uno no puede prosperar sin el otro. Necesitamos la novedad del juego: la imaginación y la energía del ser en el momento en que el juego proporciona.

Otra perspectiva más reciente del poder del juego ligado con la creatividad lo encontramos con Tim Brown, co- fundador de Ideo. Nos lo explica en su divertida conferencia de TED:

El juego nos ayuda a enfrentar las dificultades, manejar los desafíos y tolerar rutinas y emociones como el aburrimiento o la frustración. El juego proporciona amplitud de miras, promueve la expansión y es vital para el proceso creativo. A menudo, un sentido abrumador de responsabilidad y competitividad puede enterrar nuestra necesidad inherente de variedad y esparcimiento. Si negamos nuestra necesidad de jugar, acabaremos sucumbiendo al estrés y al agotamiento. Reconocer nuestra necesidad biológica de jugar puede transformar nuestra vida laboral.

Es obvio que jugar fuera del trabajo (a través de deportes, juegos, actividades familiares y funciones comunitarias) es esencial. Lo que es menos obvio es nuestra necesidad de jugar en el trabajo mientras trabajamos.

  • Jugar puede energizarnos, nos ayuda a ver nuevos patrones, despierta la curiosidad y desencadena ideas e innovación.
  • El juego nos ayuda a lidiar con problemas laborales. Una actitud lúdica da a las personas la distancia emocional para poder encontrar una solución. A menudo el problema no es el problema; es la forma en que reaccionamos al problema.
  • El juego acerca a las personas. Cuando jugamos, no ponemos paredes defensivas; aceptamos a los demás tal como son y evitamos lastimar a los otros.
  • Jugar permite la socialización cooperativa y nutre la confianza, la empatía, el cuidado y el intercambio. La alegría conduce a la imaginación, la inventiva y los sueños, que nos ayudan a encontrar nuevas soluciones a los problemas.

Dicen que la vida consiste en jugar la partida con las cartas que te han tocado. A lo largo de la misma, “jugamos” muchas partidas, unas las ganamos, otras las perdemos, y en cada partida tenemos una mano de cartas diferente.

Parece que los expertos y sus estudios nos dicen que más que una metáfora es algo que debemos aplicar literalmente en nuestro día a día, así que…

¿Te apuntas a jugar más en tu vida?

 

Feliz reflexión

Fernando Sinesio

Desarrollo el bienestar de personas y organizaciones

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