4 claves para crear conversaciones de valor

¿Cuándo fue la última vez que tuviste una conversación de valor?

Sí, sí, de esas que cuando acaban sientes que realmente ha valido la pena, o te sientes renovado/a, o con mejor ánimo, o más tranquilo/a, o en la has descubierto algo de ti o de la otra persona, o incluso te ha abierto una esfera para la reflexión personal.

Estamos acostumbrados a otro tipo de conversaciones, las transaccionales. Yo necesito esto y te lo pido. Tú necesitas esto y me lo pides. Por mail, por teléfono o a través de un tercero. En persona o virtuales, pero solo tienen un objetivo transaccional.

El ritmo de vida al que estamos acostumbrados consolida este tipo de conversaciones de intercambio. Las cosas deben ir deprisa. Para qué vamos a perder tiempo en detalles. Es curioso, por ejemplo, cómo nos ponemos nerviosos cuando delante de nosotros encontramos una de esas personas que parece que no tienen nada más que hacer que hablar de cosas personales con una dependienta. El caso más exasperante es cuando además estamos de vacaciones. No voy a poner en cuestión el valor de esa conversación para esa persona, pero nosotros por dentro estamos pensando “ya podrían hablar de sus cosas en otro momento, ¿no? Yo quiero comprar el pan e irme”. Seguimos en modo transaccional. Parece que nos cuesta entender esas conversaciones que van más allá de un puro intercambio de productos/servicios/información…

[coll_text type=»05″]Las conversaciones de valor se desarrollan en otro entorno y de otra manera.[/coll_text]

Muchas veces son conversaciones inesperadas, que surgen de un café distendido o una comida informal, pero para las que debemos estar abiertos y dispuestos.

La importancia del tiempo pasa a un segundo plano, llegando incluso a distorsionarlo: “uy! cómo ha pasado el tiempo”. Son más cercanas, íntimas y a veces, incluso transformacionales. Cambian, en algún sentido, la realidad o la percepción que de ella tenemos, de nosotros mismos o del exterior. Son aquellas en las que estamos más presentes, escuchando a la persona más allá de sus palabras, creando una conexión más personal y profunda. Normalmente disfrutamos más de la compañía, aunque el tema de conversación no sea siempre alegre o divertido. Muchas veces, son conversaciones inesperadas, que surgen de un café distendido o una comida informal, pero para las que debemos estar abiertos y dispuestos. Finalmente este tipo de conversaciones dan ejemplo de nuestra calidad humana y sobre todo dejan un halo que perdura en nuestra mente, y por supuesto en nuestro corazón, por más tiempo.

¿Cómo podemos crear conversaciones de valor con otras personas?

1. Interésate honestamente por la otra persona

Cuando ponemos el foco en la otra persona en lugar de en nosotros, la conversación se transforma en un suelo fértil para una conversación enriquecedora. Esto significa ir más allá del “¿qué tal, cómo estás?” para indagar sin prejuicios utilizando la curiosidad de un niño. Es practicar la empatía y diferenciarlo de la simpatía, como explica inteligentemente Brené Brown en este vídeo.

2. Ponte al servicio de los demás

Las personas inspiradoras son aquellas que ponen sus recursos al servicio de los demás para ayudarles a conseguir sus objetivos o superar obstáculos. Muchas veces requieren un acto de humildad al dejar de lado nuestro ego para centrarnos en la otra persona, pero dicen que dar produce más satisfacción personal que recibir. No me creas, compruébalo por ti mismo.

3. Sé auténtico

No enmascares tu personalidad con falsos escudos de protección. Las personas sentimos más allá de lo que escuchamos. Las conversaciones de valor requieren muchas veces valentía para decir lo que realmente pensamos y sentimos, expresándonos con autenticidad.

4. Sé asertivo

Esa habilidad que tanto nos cuesta practicar por el miedo a herir a otros. “Di lo que piensas, comparte lo que sientes y pide lo que necesitas, sin ánimo de ofender”, es una definición que un día escuché y la registré para siempre en mi disco duro. Ah, y otra cosa importante: eres responsable de lo que dices y cómo lo dices, no lo eres de cómo se lo toma la otra persona. Muchas veces olvidamos estas sabias palabras.

Ahora, reflexiona, cuántas de tus conversaciones de tu vida diaria son transaccionales y cuántas de valor.

El mundo está cambiando a un ritmo exponencial que exige de nuestra propia transformación para adaptarnos y sobrevivir. Las conversaciones de valor nos acercan más a los demás, nos ayudan a crecer y desarrollarnos como personas, y a hacer un mundo mejor entre todos.

¿Puede ser esa una motivación para tener más conversaciones de valor?

Espero que sí. Felices conversaciones.