Una vez oí una frase que me hizo reflexionar: “La gente se va por su jefe, no por la empresa”. Y qué razón tenía. Es verdad que desde fuera, todos pensamos en las empresas como entes: Google, Microsoft, Coca-cola, Apple…y creamos un imaginario de esa empresa: una filosofía, una manera de hacer, una manera de trabajar (viendo fotos de sus oficinas), pero muchas veces olvidamos que las empresas las forman las personas, igual que una sociedad sus habitantes o una comunidad de vecinos los propios vecinos que la conforman.
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Las empresas las forman personas

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Las personas somos muy diferentes, aunque trabajemos para un fin común: ofrecer un producto o servicio.

Una empresa está compuesta por una red de conexiones personales, similar a un tejido neuronal. Todo está conectado. La decisión del CEO puede alcanzar a la persona más lejana del organigrama, y un trabajador de una línea de producción puede provocar un incidente que dañe la reputación de toda la compañía y/o hacer saltar al CEO. Evidentemente hay conexiones más fuertes que otras. Las personas con las que trabajamos más estrechamente generan mayores lazos de relación que aquellos con quienes nunca o apenas nos relacionamos. También es cierto que no hace falta mucha interacción para sentir cuando una persona nos transmite confianza y buen rollo, en otras palabras, para saber si cuando tienes un problema, vas a poder contar con ella o no. Es algo que se siente, más allá de las palabras. Es como cuando sentimos que no nos están escuchando por mucho que asientan con la cabeza.

Para mí, el talento es algo que también se siente. Una persona con talento emana una cierta energía que se transmite a lo largo de la organización. Si volvemos a la metáfora neuronal, yo diría que transmite más energía en sus conexiones. Es más radiante, más rápida, más consistente, más energizante y más cálida a la vez. Fortalece las relaciones y se convierte en un imán de más talento. Por eso es fundamental identificar y potenciar el talento de las personas internamente porque ese será el que atraiga al externo.

Antiguamente, los ciclos económicos ponían de moda o los dejaban en el olvido a los famosos programas de talento. Unas veces para retenerlo, en tiempos de bonanza, y otras para atraerlo sobre todo en tiempos de crisis (para salir de ella).

Hoy en día, cualquier empresa que desee navegar en este entorno VUCA debe disponer de un excelente programa para identificar, retener y atraer al mejor talento.

Más allá de un buen diseño del programa, al que próximamente dedicaré un artículo, para que éste funcione, se deben cumplir, para mí, 4 axiomas fundamentales, dentro de la organización:

1. El directivo debe ser un role model de los valores corporativos

Cuántas veces hemos oído los valores de la empresa y observamos que los directivos son los primeros que distan mucho de ser ejemplares en su día a día. La integridad y coherencia de un jefe es determinante a la hora de atraer, cultivar y potenciar el talento para crear un equipo motivado y comprometido. Cualquier decisión debería estar alineada con los valores. Hoy en día, por ejemplo, la transformación digital está dejando (y dejará) a muchas personas en la calle, pero en cambio seguimos vendiendo a bombo y platillo el mantra “las personas son lo más importante en nuestra compañía”. Una simple pregunta de reflexión: ¿Cuántas veces has puesto al negocio por delante de las personas?

2. Poder en la toma de decisiones

Estamos acostumbrados a una cultura en el que el jefe está en su sitio porque sabe más, tiene más experiencia, y toma las mejores decisiones. Así pues, cuando hay un problema, lo habitual es ir al de arriba y pedirle consejo o directamente una solución. “Tengo este pollo, ¿qué hacemos? (un plural mayestático que realmente significa “¿qué quieres que haga?”). El talento quiere estar en la toma de decisiones para crecer y sentirse comprometido. Las decisiones de otros no promueven ni la motivación ni el engagement que tanto desean las organizaciones. Si realmente quieres potenciar el talento, dale responsabilidad y total permiso para la toma de decisiones. Y si las cosas salen mal, en lugar de decirle lo que habrías hecho tú, pregúntale qué ha aprendido y qué puede hacer mejor la próxima vez. Probablemente tu aprenderás a hacer las cosas de otra manera, y quizás, incluso, más eficientemente.

3. Compartir los espacios de reflexión estratégica

El talento necesita explotar su potencial y encender la llama de la creatividad. No hay nada más motivante para el talento que los retos difíciles y complejos. En el antiguo paradigma (lo pongo en cursiva porque sigue vigente prácticamente en todas las empresas), frente a retos difíciles, solo unos pocos directivos, normalmente los de arriba, están llamados a capilla. Son los que toman las grandes decisiones, que luego bajan en cascada. Cuánto más abajo del organigrama estén los nodos de reflexión y decisiones estratégicas, más fácil será descubrir y hacer aflorar el talento interno, a lo que se sumará una mayor motivación de todo el equipo y atracción de más talento.

4. Relaciones humanas sanas

Es curioso que tengamos que poner el adjetivo “humanas” a las relaciones entre personas, pues no pueden ser de otro modo. Sin embargo, estoy seguro de que habrás entendido qué quiero decir con esto. En muchas empresas habita la toxicidad, el conflicto de intereses, los instintos básicos de supervivencia que despiertan valores otrora entronizados como la competitividad o la lucha de poderes. El talento quiere colaborar en un entorno saludable, con las “armas” de la inteligencia emocional y el trabajo colaborativo. Si quieres atraer el talento, trabaja las 4 toxinas de la comunicación (culpa, defensa, desdén y amurallamiento) y vela para que no se adueñen del estilo de comunicación de la organización y sobre todo, de tu equipo directivo, que al final es el mayor altavoz de la cultura organizativa.

Hoy en día, todo el mundo habla del talento como la clave para el éxito, pero a mí me gusta pensar que es también la palanca de cambio hacia la innovación, construyendo relaciones de calidad y a través de ellas, ayudando a sacar el máximo potencial de las personas con las que trabajamos para encontrar las mejores soluciones a los retos que este mundo incierto y cambiante nos trae día tras día.