En muchas de las conversaciones con nuestros grandes clientes, aparecen los “problemas” con los Millennials o Generación Y (nacidos entre 1982 y 1994). Digo problemas porque en la mayoría de ocasiones, este tema se vive con frustración y desasosiego por parte de unos directivos, que en su mayoría son Baby Boomers (nacidos entre 1946 y 1964) o Generación X (nacidos entre 1965 y 1981). El último grupo social “catalogado”, los Centennials o Generación Z (nacidos a partir del 1995 hasta nuestros días), todavía están estudiando y tienen poca presencia en las organizaciones así que de esta generación, seguro que hablaremos en unos años.

Esta clasificación está basada principalmente en la relación con la tecnología y el mundo laboral y, como todas las clasificaciones generalistas, provocan algún rechazo por meter a todas las personas en el mismo saco. Desde aquí comparto que también pienso, como dirían otros, que de todo hay en la viña del señor. Lo que sí es verdad es que han vivido una realidad socio económica muy diferente que ha impactado en su particular manera de ver el mundo y cómo quieren vivir su vida.

¿Qué nos diferencia? ¿Por qué somos tan (aparentemente) diferentes? Para analizar estas diferencias debemos hacer un ejercicio de introspección.

¿Qué diferencia a las distintas generaciones en el ámbito laboral?

Cada acción de una persona está basada en un comportamiento, que está basado en una actitud, que está basada en una creencia (“creo que…”), que está basada en un valor (lo que es importante para mí). Los valores se forjan en la infancia y están muy marcados por la educación de los padres y el entorno social en el que crezcamos.

Podemos imaginar las diferencias entre una educación en período de guerra/post guerra y otra en una sociedad creciendo en una cultura del bienestar.

De ese análisis de creencias y valores, se ha hecho una descripción de lo que caracteriza a cada generación, más o menos acertada, que sería:

Baby Boomers

El trabajo es un pilar fundamental en su vida. Es estable, a largo plazo, adictivo, no necesariamente hacen lo que aman hacer. El trabajo es sobre todo un medio de generar recursos para realizarse en su vida personal. No dedican mucho tiempo al ocio y actividades recreativas.

Acceden a la tecnología en la edad adulta. Algunos se adaptan, otros son más resistentes y prefieren quedarse en el mundo analógico.

Generación X

El trabajo también es un gran pilar en sus vidas, pero buscan más alcanzar un equilibrio y empiezan a buscar la felicidad también con el trabajo. Son más propensos a ser empleados y equilibran la energía entre trabajo, familia y tiempo de ocio.

Generación Y o Millennials

No dejan la vida en el trabajo, no son «workaholic» (como tal vez lo sean sus padres). Son emprendedores y creativos, intentan vivir de lo que aman hacer. Son idealistas. Según estudios, duran en sus trabajos un promedio de dos años.

Muy adaptados a la tecnología. La vida virtual es una extensión de la vida real. Son multitasking.

Uno de los expertos que mejor ha diseccionado la Generación Y es Simon Sinek. Tiene una entrevista muy interesante en la que explica por qué son cómo son y cómo se comportan en el entorno laboral.

Para mí, el secreto del éxito de una organización reside en su capacidad de integrar la diversidad apreciando lo que cada generación puede aportar desde su experiencia, sus valores y su visión de la vida y del mundo.


¿Qué puede aportar cada generación en el entorno de trabajo?

Según mi opinión:

Los Baby Boomers

Aportan sabiduría y templanza. Desarrollaron las “buenas prácticas” (qué es aquello que se puede aprender de repetir las cosas), conocieron el fracaso y cómo convertirlo en éxito. Tienen esa capacidad de relativizar las cosas y responder en lugar de reaccionar.

La Generación X

Aporta visión y flexibilidad. Busca un propósito vital muchas veces a través del trabajo. Aporta capacidad de adaptación y espíritu emprendedor. Es la que ha vivido los mayores cambios sociales y tecnológicos.

La Generación Y

Aporta frescura e innovación. Ha nacido en un mundo incierto y volátil y está aprendiendo a vivir en este entorno complejo y cambiante. Gracias a la diferencias con sus progenitores, ha establecido su propia escala de valores y creencias para alcanzar sus sueños.


La fórmula de las «4 E»

Ante estas diferencias mi propuesta es aplicar la fórmula de las 4E con el objetivo último de tender puentes entre generaciones y potenciar la inteligencia colectiva:

Escuchar

Practicar una escucha profunda, sin prejuicios, buscando el 2% de verdad en los puntos de vista antagónicos o que no compartimos. ¿Por qué decimos que solo reclaman sus derechos pero que no se responsabilizan?

Entender

Dejar de lado todas nuestras creencias basadas en las experiencias anteriores y comprender a nuestro interlocutor. Ver esa perspectiva que no vemos porque no compartimos el mismo mapa mental. ¿Por qué hablamos de desmotivación cuando lo que quizá ocurre es un cambio en la escala de valores?

Empatizar

Ponernos en la piel del otro. Sentir, pensar como el otro. Caminar en sus zapatos, revivir su entorno, su experiencia vital, sus anhelos y sueños. ¿Por qué cuestionamos jocosamente que quieran cambiar el mundo?

Evolucionar

Reflexionar sobre nosotros mismos para poder cuestionar nuestras propias creencias, que quizá ya están obsoletas y nos impiden adaptarnos al nuevo entorno en el que tenemos que operar. ¿En qué tengo que cambiar yo para adaptarme al mundo VUCA?


Al final, como decía Ghandi, sé el cambio que quieres ver en el mundo.

Feliz integración intergeneracional.

CONTENIDO EXTRA: INFOGRAFÍA

10 DATOS SOBRE LOS MILLENNIALS

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millenials en el entorno de trabajo. Infografía